Colombianas en la diáspora en el Desfile de Londres de Año Nuevo

Aquí una interesante nota. No doy colombiana, pero
el amor y la solidaridad me unen a estas mujeres que me han abrazado.

Hora de Greenwich

thumbnail_IMG_6955 Mujeres colombianas de la diáspora participaron en el evento de Año Nuevo

“Como mujeres de la diáspora, el dolor no nos define, nos une, nos alienta, nos hace fuertes y decididas”, se leía en una hermosa comparta que enarbolaron un grupo de entusiastas mujeres miembros de la  Comisión de la Verdad, de la Memoria y Reconciliación de las mujeres colombianas en la diáspora, durante el multitudinario tradicional Desfiles de Londres de Año Nuevo, que recorrió este 1 de enero las principales calles capitalinas.

Ataviadas con globos blancos y con decoraciones de mariposas amarillas, las participantes exhibían una pancarta que buscaba llamar la atención por las dificultades que ha enfrentado la implementación de los acuerdos del proceso de paz en Colombia, firmado hace poco más de un año.   El grupo también quería visualizar la preocupación por la impunidad ante el asesinato de un centenar de líderes sociales en Colombia en el…

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Nuestra historia compartida: los evangélicos y la comunidad LGTB en México.

 

A lo largo de las primeras décadas de 1900 los grupos evangélicos mexicanos eran una minoría marginal que comenzaría a crecer. Entre 1944 y 1955, al ver cómo los “aleluyas”, “los pronorteamericanos”, los “tembladores” ya no estaban escondidos en sencillos templos y que su número aumentaba bajo la sombra de la libertad de culto y el Estado laico, el entonces arzobispo de México Luis María Martínez, promovió la Cruzada en Defensa de la Fe católica argumentando que los protestantes estaban quitando a los mexicanos su más valiosa herencia y símbolo de identidad: el catolicismo guadalupano. Bajo consignas como de “¡Viva Cristo Rey”, ¡Viva la Virgen de Guadalupe”, algunos fieles católicos atacaron a evangélicos con actos como: privación a utilizar agua para sus parcelas, asalto a congregaciones en pleno culto, incendios en templos y hogares con dinamita, violaciones a mujeres, robos, encarcelamientos y muertes injustificadas. Algunos líderes y pastores de diversas partes de la República mexicana al ver como se les atacaba por ejercer el derecho a la libertad de culto, un derecho consagrado en la Constitución, se unieron para formar alianzas locales y regionales, hasta conformar el Comité Nacional Evangélico de Defensa. Mediante este espacio, y otros que surgieron después, denunciaron a la opinión pública que, en México, los evangélicos estaban viviendo un verdadero genocidio.[1] Ante la respuesta nula de las autoridades y la impunidad de sus atacantes, cada año organizaban marchas rumbo al Hemiciclo a Juárez pidiendo a los entonces Presidentes, justicia para sus muertos y heridos, y que la Iglesia católica dejara de cometer crímenes de odio… En ese momento el pueblo evangélico luchó por su reconocimiento, su dignidad y el derecho al respeto de la libertad de cultos.

A lo largo de las primeras décadas de 1900, comenzaron a visibilizarse “los maricones”, “los gais”, “los homosexuales”, “las tortilleras”; esos hombres y mujeres a los que la prensa calificó como enfermos y de los cuales el gobierno legisló y trató de ocultar como algo inexistente. Tan sólo el famoso Baile de los 41, sucedido el 18 de noviembre de 1901 al ser reprimido, fue un linchamiento moral, un modo de decir “no más enfermedad”. Ante el aumento de los estereotipos sobre lo que era ser “gay” en la comunidad intelectual, en la prensa, la televisión, los grupos religiosos y las élites políticas, el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria y otros colectivos de identidad sexual, comenzaron a organizarse. Aprovechando la marcha de del 26 de julio de 1978 en apoyo a la Revolución Cubana, ell@s salieron a las calles. Esta manifestación pública, no negaron lo que eran; se sentían orgullosos de ser lo que son, pedían el respeto y reconocimiento de sus derechos “apelaron a las garantías individuales de la Constitución Mexicana como medio para exigir el respeto al derecho de reunión, asociación, información y expresión para con los homosexuales y lesbianas mexicanos. Libertades democráticas que remitían en cierta medida a los del manifiesto estudiantil del 2 de octubre de 1968.”[2] Antes y después de ese momento que marcó la realización de la marcha por el orgullo gay cada año, muertes, asesinatos, violaciones y discriminaciones ya habían cobrado la vida de militantes… crímenes de odio que aún permanecen en la impunidad…

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¿Qué tienen en común estas dos historias que se libraron en el siglo XX y que hoy tienen sus repercusiones y confrontaciones? Como historiadora, desde una perspectiva comparada me atrevo a afirmar que LUCHA POR RECONOCIMIENTO Y LEGALIDAD QUE LIBRÓ EN EL PASADO (Y SIGUE LIBRANDO) EL PUEBLO EVANGÉLICO COMO MINORÍA RELIGIOSA, ES LA MISMA LUCHA QUE LA DE LA COMUNIDAD LGTB LIBRA HOY COMO MINORÍA POR EL RECONOCIMIENTO, EL RESPETO Y LA LEGALIDAD DE SUS DERECHOS. El problema, la falta de incomprensión del pueblo evangélico a sus prójimos radica en que su identidad religiosa excluida, ahora se invierte para excluir en nombre de Dios, y en ese nombre, al no tener memoria histórica de sus propias luchas, se convierten en voceros y participes de la injusticia, del odio y el arrebato emocional. Y así como en el pasado una mayoría en nombre de una religión y sus valores, se lanzaron en Cruzada contra los cristianos evangélicos negándoles la existencia, así hoy, cristianos evangélicos niegan la vida a quienes les son diferentes. No, no es un asunto de valores, es un asunto de justicia social.

 1] Deyssy Jael de la Luz García, El movimiento pentecostal en México. La Iglesia de Dios, 1926-1948, México, La letra Ausente-La Editorial Manda, 2010.

[2] Miguel Ángel Barrón Gavito, Repensando el Movimiento: Una imaginación poética del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria. (1978-1981), Tesis para obtener el grado de Maestría en Historia, México, Universidad Iberoamericana, 2010.

Publicado el 3 de septiembre de 2016, en el contexto de las marchas que grupos evangélicos conservadores organizaron en la ciudad de México y otros estados para ejercer presión contra las leyes a favor del matrimonio del mismo sexo y su derecho a la adopción de niñxs.

Feminismos migrantes. Conversaciones en/entre Latinoamerica y Reino Unido (1).

 

Dónde andan las feministas latinoamericanas en Reino Unido y qué andan haciendo?Seguramente esa fue una de las preguntas que se hicieron las chicas que integran el Latin American Hub http://sites.gold.ac.uk/lahub/ cuando llegaron a Londres, hace poco o mucho tiempo atrás. Fue en Goldsmith University of London donde este Hub se formó con Helena Suárez (Uruguay), Andrea García (Perú), Valentina Alvarez, y otras compañeras chilenas. Todas se conocieron en clases y en los pasillos de la Universidad. Para saber un poco más cómo está el panorama actual de las feministas migrantes, organizaron el Foro “Feminismos migrantes. Conversaciones en/entre Latinoamerica y Reino Unido.” La idea fue compartir bajo tres preguntas: “¿Qué formas tienen los feminismos latinoamericanos? ¿Dónde se encuentran con/en las genealogías feministas anglosajonas? ¿Cómo se mixturan los saberes y las prácticas feministas entre Latinoamérica y UK? En este taller-conversación, feministas latinoamericanas compartimos, enredamos y creamos nuestras experiencias, desafíos y oportunidades de ser latinx en UK.” (https://www.facebook.com/events/1489685241104828/). Y también hicimos unos talleres sobre cómo hacer tu fanzine, y otro sobre memoria migrante a través del arte-objeto. 

Tuve la oportunidad de participar en este foro. Coincidimos compañeras que estamos en

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Póster del evento.

diversas prácticas y experiencias: desde las artes, la literatura, el activismo local/glocal, incidiendo a través de organizaciones feministas, y desde la autonomía. Mi participación se centró en pensar mi estar aquí en Reino Unido, con todo lo que me atraviesa: deconstruir mi “privilegio” pero a su vez haciendo memoria de esos elementos identitarios que a lo largo de mi vida han hecho de mi, una constante cambiante. Me asumo como feminista interseccional porque de otra manera no hubiera comprendido el impacto de ser mestiza, de origen pobre, de fe protestante pentecostal, y haber vivido el cambio social gracias a la educación; pero a la hora de migrar de México a Reino Unido, creo que esas diferencias que marcaron marginación y exclusión/inclusión, hoy son parte de la resistencia en la que creo estar… No lo sé… En eso ando pensando. Y quizá mi reflexión, ojalá, encuentre eco! Ya en una segunda entrega abriré más el tema.

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Soy Jael de la Luz García, mujer que migró de un barrio pobre del estado de México a la ciudad de México para educarse y salir de la pobreza. De la ciudad de México migre a Londres con mis hijos para acompañar a mi esposo cuando él decidió regresar a su tierra a cuidar a su madre con Alzheimer. Creo que soy feminista desde que era niña al luchar porque se me trate como persona, cuestionando la violencia doméstica, a dios, a la biblia; llorando y gritando que me dejaran en paz por ser pobre, protestante y gorda.

Venir a Reino Unido no estaba dentro de mi proyecto de vida. Yo era feliz haciendo trabajo comunitario y educación popular feminista para impulsar el diálogo interreligioso y la construcción de paz. Era feliz en los espacios académicos, culturales y de movimientos sociales en los que estaba involucrada. Mi país está en una Guerra contra las drogas y muchas mujeres viven las consecuencias de esa guerra inútil. Era feliz con mi familia en un barrio de clase media de Coyoacán, en el sur de la ciudad de México.

Como muchas mujeres, salí de México sin hablar inglés, conocer la cultura y mucho menos el sistema migratorio. Seis meses estuve aquí con visa de turista y después tuve que regresar a mi país para tramitar la visa de esposa. Estando allá el gobierno británico me la negó dos veces diciendo que mi esposo por ganar menos del mínimo anual, no podía “mantenerme”. Desolación, dolor y depresión se apoderaron de mi vida. Cada día me dolía saber que lo que estábamos pasando como familia, era una violencia de Estado; el gobierno británico nos estaba obligando a vivir una separación forzada. En esos momentos cuestioné mucho este país y todas las falsas ideas que se tienen sobre el respeto de los derechos humanos. Ya sabía que a nivel global hay una crisis humanitaria y que los migrantes no somos respetados, sobre todo si nuestra condición no es de privilegio. Por eso yo quise hablar con el embajador del Reino Unido en México y explicarle que mi caso no debía ser calificado en criterios económicos sino en base a derechos humanos por ser esposa de un británico y madre de dos hijos nacionalizados británicos. Pero eso no importaba. Ante su negativa de hablar conmigo, tuve que hacer una huelga de hambre y dormir afuera de la embajada por una semana, hasta que él se entrevistó conmigo.

Ese tiempo me ayudó a pensar y meditar en la gran fuerza que tenemos las mujeres de parar o mover el mundo. También pensé sobre los aliados y la sororidad. Para algunos, estar ahí fue humillarme y no soportaban que una “mujer educada y feminista” estuviera dando esos espectáculos; otros me decían que con mi cara de india claro que no me darían la visa”; otros no fueron, otros escribieron en los periódicos donde tienen columnas, otros firmaron el petición en Change.com y mandaron tweerts al embajador; mi hermano menor, mis amigos no feministas y mis amigxs gays y lesbianas, me cobijaron cada noche con su presencia y silencio…

Con esa acción directa yo estaba parando el mundo, generando opinión pública, acompañamiento y solidaridad a nivel internacional. Con esa acción directa afirmaba mi apuesta feminista de “quien no se mueve no siente las cadenas” “estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar”. Así que en esa semana se armó una campaña, gracias a amigxs que sabían de mi trayectoria y de mi vida familiar. Vi como mis amigos y amigas latinoamericanos que no me conocen personalmente, fueron solidarios. Mi esposo también se movió acá, mandando nueva documentación. Después de un mes, me dieron mi visa y aquí estoy hace casi un año y medio.

Cuando volví, me dije: si yo pasé por este infierno que me dejó graves problemas en mi salud mental y en mi proceso de aprendizaje del inglés, cuántas mujeres migrantes, latinoamericanas que se representan así mismas como yo, están pasando por situaciones similares y callan por miedo a ser criticadas? Cuántas mujeres migrantes con preparación académica y una trayectoria laboral exitosa, por no saber hablar inglés se sienten desempoderadas, solas y sin esperanza como yo en este país? Cuántas mujeres vienen a esta país con la ilusión de integrarse a la cultura educandose, pero al ver las tasas altas de colegiaturas en las universidades londinenses, ven imposible acceder? Frente a esas preguntas, busque formas de continuar mi vida acá.

Como amante de los libros, editora y escritora de temas sociales (soy historiadora), casualmente di con Feminist Library en febrero del 2015. Mi intención fue comenzar a leer libros sobre feminismo en inglés y conocer más sobre los feminismos británicos y sus vínculos con nuestros feminismos y escribir sobre ello en mi blog. La acogida que me dieron fue cálida y llena de reciprocidad. Ahí conocí de las campañas de feministas de la Segunda Ola en temas de derecho al aborto, campañas pacifistas, de editoriales independientes y de cómo a lo largo de 30 años una colección de boletines, fanzines, libros y muchos valiosos materiales son accesibles sin costo alguno. Fue en Feminist Library donde volví a recuperar confianza en mí misma para buscar un voluntariado dentro de mi comunidad latinoamericana. Yo quería dialogar en español, trabajar en mi idioma y que mi historia personal encontrara eco en otras mujeres con experiencias similares a la mía.

Un día busqué en la web y encontré que LAWA buscaba voluntarias, aplique y en abril del 2015 me integre. Cuando yo llegue a LAWA, había un proceso reflexión interna sobre el papel de las organizaciones dirigidas y trabajando por las mujeres de color. Por muchos años LAWA ha sido conocida por su intervención en el tema de la violencia doméstica entre mujeres de nuestra comunidad y por el Refugio que tenemos, siendo el único en toda Europa y Reino Unido para mujeres de nuestra comunidad, afrodescendientes y de minorías étnicas. Ahora, empezamos a trabajar de manera procesual: desde que las mujeres tengan elementos de cómo hacer su vida en este país con asesoría en todos los servicios, clases de inglés, servicio terapéutico hasta un espacio de formación feminista con Mujeres tejiendo el cambio. Dado el proceso que estamos viviendo,  me di cuenta que asumir un discurso general de feminismo, invisibiliza las múltiples identidades y apuestas políticas.

En LAWA comencé junto a mis compañeras y amigas, a pensar en la importancia de tener un discurso propio de raíces latinoamericanas, afrodescendientes y de la diáspora, con categorías pensadas desde nuestras prácticas y palabras de nosotras en apertura con mujeres de otras herencias y trayectorias en Reino Unido. Somos feministas interseccionales y sabemos que son tiempos difíciles para las mujeres migrantes de color por las políticas conservadoras y la precariedad económica, pero también es un momento de creatividad y tomar retos. En la busqueda de encuentro y compartir saberes surgió el proyecto Change Maker (Mujeres que tejen el cambio) que coordino. La idea es que entre mujeres podamos capacitarnos desde una metodología popular feminista. En cada taller o actividad damos paso a lo lúdico, lo resiliente y construimos sororidad, una sororidad intergeneracional donde nuestras diferencias de clase, color de piel o nivel educativo, no sean barreras para reconocernos como iguales. Queremos dar un paso en la transformación de nuestra comunidad y cambiar las miradas y opiniones que la sociedad británica pueda tener de las mujeres latinoamericanas. Es todo un reto, porque vamos empezando, pero tenemos la esperanza que algo se está moviendo.

Y entre estos saberes y prácticas feministas en Reino Unido desde mi identidad mexicana-latinoamericana, también otros espacios y proyectos se van sumando en diálogo con lo queer, decolonial y combativo en Maricumbia, London Latinxs, campañas contra la gentrificación, y abriendo otros espacios como el Colectivo Feminista Latinoamericano y la revista Feminopraxis, de la cual no dejo mi compromiso con mi tierra que me vio nacer.

***La imagen que acompaña este texto fue del póster del XII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe en Bogotá, noviembre 23 a 26 de 2011. Fuente: @lasdiosas

Aquí el video del foro:

Sobre el aborto y su criminalización en Latinoamérica y el Caribe.

Marga RH. es una joven chilena feminista que cada año organiza en Londres el Festival por Decidir ( Festival of Choise) e invita a otras feministas latinoamericanas y españolas (la Asamblea de Mujeres, por ejemplo), a participar en fundraisings que apoyen las campañas de colectivos en América Latina que trabajan por educar y concientizar sobre el tema del aborto y sus múltiples aristas.

El jueves pasado tuve la oportunidad de escuchar la trayectoria de Marga como feminista migrante y por qué es importante seguir acompañando desde este lado del charco, todas las campañas de nuestras hermanas en América Latina y el Caribe. Nuestro papel en los espacios feministas donde nos insertamos, deben también ser espacios donde informamos que está pasando en nuestros países, donde el tema del aborto no sólo es controversial sino que cuesta la vida a nuestras hermanas que criminalizadas, no pueden decidir sobre sus cuerpos. Aunque en Inglaterra el derecho al aborto se ganó en las causas feministas de la segunda ola, todavía en Irlanda muchas mujeres hacen sus maletas para venir a abortar a clínicas londinenses porque en su país no es permitido.

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Marga ha elaborado un fanzine en español sobre este tema: Guía informativa sobre el aborto y su criminalización en Latinoamérica. En ‘El motivo de este libreto’ Marga explica:

corren tiempos extraños, y varias olas de ideologías conservadoras golpean el escenario político. Atacan libertades y derechos, desvían la atención de la raíz de los problemas económicos y sociales, apelan a esa falsa melancolía de que el pasado era mejor y glorifican las estructuras tradicionales del patriarcado.

Este libreto explora uno de los temas más controversiales en cuando a la salud de la mujer en Latinoamérica: el aborto. Lo hace a través de una mezcla de definiciones, reflexiones, ilustraciones e historias reales.

El aborto es tabú en el discurso político. Es, como muchos otros aspectos de los derechos reproductivos y sexuales, una especie de fantasmas muy real: existe, convive con nosotras, sentimos el frío escalofrío tras tenerlo en la clandestinidad y no poder contarlo, termina con la vida de compañeras y destina a muchas otras a la amarga criminalización, mientras nuestros políticos se niegan a hacer nada…

IMG_1434El fanzine comienza con la identificación de los cuatro tipos de violencia estatal que limitan la salud sexual y reproductiva: Falta de acceso a los métodos anticonceptivos; Violencia obstétrica; Esterilizaciones forzadas o con coerción; y Negación del acceso a servicios de aborto seguro y legal. Después, nos introduce en el tema del Derecho a Decidir donde la integridad corporal, dignidad personal, igualdad de trato y diversidad, son fundamentales. Posteriormente muestra un mapa de América Latina y el Caribe del estado de las cosas en temas de legalidad del aborto. Para comprender los efectos de la criminalización del aborto, recupera testimonios de niñas-madres; mujeres que son tratadas como no personas, cuándo las leyes y la cultura ponen, por encima de la salud de las mujeres, lo que se gesta dentro de su cuerpo, experimentando así una criminalización indiscriminada. Todos esos testimonios son ejemplos de lo que está pasando en nuestros países y la urgencia de cambiar el panorama. Por ello, al final de este folleto, Marga hace un llamado a la Resistencia y sororidad.

Las redes de amigas y de colectivos de apoyo feminista son esenciales para facilitar el acceso a métodos de aborto seguro, a información sobre el uso correcto de estos métodos y para brindar un espacio seguro donde poder compartir libremente las experiencias vividas.

El fanzine está por ser actualizado, y según me dijo Magda, se espera que al estar concluido pueda circular libremente por las redes para autoformación e información. Y, finalmente decir que las ilustraciones son creación también de ella donde ha retratado a algunas de sus amigas. Si le quieres seguir la pista a Magda, lo puedes hacer en su blog personal: https://magroja.wordpress.com/

El color de la Justicia en los Estados Unidos (una lectura antes de #BlacklivesMatter).

En el verano del 2012 cuando trabajaba en el Centro de Estudios Ecuménicos (CEE, México), fui comisionada a representar al colectivo Iglesias por la Paz, y ser parte de la Caravana por la Paz USA que organizó el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD), y recorrer cerca de 24 ciudades junto a periodistas, artistas, activistas sociales y familiares que han perdido a seres queridos en el contexto de la Guerra contra las Drogas. Al hacer una parada en Montgomery, Alabama, se dio un diálogo entre jóvenes mexicanos que se han visto afectados terriblemente por la desaparición de sus seres queridos por el narcotráfico y miembros de la Asociación Nacional para el Desarrollo de la Gente de Color (NAACP, por sus siglas en inglés), quienes no dudaron en contarnos el difícil camino histórico recorrido por la población afroamericana en su lucha por los Derechos Civiles.

Lo interesante de ese encuentro fue que la Caravana asistía a una celebración; jóvenes afroamericanos vestidos con togas y birretes expresaron que gran parte de su niñez y adolescencia tuvieron problemas con las drogas (venían de hogares pobres y marginados) y ahora al graduarse de la High School, se encontraban llenos de sueños e ilusiones. Fue así como tuve un primer acercamiento al trabajo que abogados, defensores de derechos y ministros religiosos hacen por preservar la acción afirmativa (elaboración de programas de recuperación e integración de mujeres y hombres de color en las escuelas y universidades, incluso las más exclusivas, para lograr una equidad racial que favorezca a la comunidad afroamericana) cuando uno de los grandes retos que enfrenta la juventud afroamericana es la violencia arbitraria por parte del sistema policial y el encarcelamiento masivo bajo la cortina de humo de la Guerra contra la Droga y de La Ley y el Orden, siendo así, sujetos de una ausencia total de justicia penal y justicia racial.

Un claro ejemplo de cómo opera ese sistema policial de discriminación racial explícita o claramente intencionada, se ha visto en los últimos meses. La sociedad norteamericana se ha visto conmocionada por crueles asesinatos de jóvenes hombres de color en manos de la policía. El afroamericano Eric Garner fue detenido en State Island, New York y el oficial Daniel Pantaleo le aplicó una llave a la cabeza por lo que aquel murió estrangulado, sin mostrar resistencia. En St. Luis, Ferguson, Missouri, el joven Michael Brown fue asesinado a quemarropa por el entonces oficial Darren Wilson, quien andaba detrás de un asaltante, y al ver a Brown (pues su apariencia física describía al ladrón), pensó que era él. Después se aclaró que el joven ya muerto no era la persona que buscaban. El niño Tamir Rice fue abatido por un policía, quien tras haber recibido una llamada anónima que informaba sobre un niño con un arma en un parque de la ciudad de Ohio, Cleveland, no dudo en sacar su arma y disparar. Al terminar el tiroteo, se dio cuenta que el arma del pequeño era de juguete. ¿Qué tienen en común estos casos?, ¿qué nos dice de la justicia policial de los Estados Unidos? Los tres hombres muertos eran afroamericanos y por las pruebas presentadas ante la prensa internacional y videos de los hechos, los asesinados no presentaron resistencia ni tuvieron la oportunidad de defenderse. Quienes empuñaron las armas eran policías blancos y al presentarse a los jurados correspondientes, expresaron que lo hacían en cumplimiento de sus obligaciones; así, quedaron libres de cargos. Esas resoluciones han llevado a que en más de 38 estados de la Unión Americana las comunidades afroamericanas se movilicen cuestionando la justicia penal norteamericana y señalando en esos crímenes su alto componente racista.

LMAlexanderElColorDeLaJusticia_150ppp-450x701a jurista y académica Michelle Alexander autora de El color de la Justicia. La nueva segregación racial en Estados Unidos (Capitán Swing, 2014), hace una declaración bastante contundente para entender qué está pasando con la comunidad afroamericana en tiempos de la administración de Barack Obama en temas de justicia penal y justicia racial. Su tesis principal es que en los últimos años, hubo una idea vigente entre la comunidad afroamericana sobre la elección de Obama: con un presidente de color el Movimiento de los Derechos Civiles había llegado al alba de la justicia; por ello, los esfuerzos de líderes negros se enfocaron a la exigencia y cumplimiento de los programas de acción afirmativa y a la aplicación de los Derechos Civiles en todo rincón de la unión americana. Creyeron que con Obama en el poder, la nación había triunfado sobre la raza. Así el discurso racial se invisibilizó y neutralizó (el término correcto en inglés escolorblindness) oficialmente, pues en la práctica, los estereotipos hacia los afroamericanos que la mayoría blanca construyó históricamente para discriminar a la gente de color, siguieron expresándose en mecanismos legales para obstaculizar su acceso a la educación, vivienda y empleo.

Para la autora de El color de la Justicia, la administración de Obama ha fortalecido un nuevo sistema de castas en donde el privilegio blanco hace esfuerzos en reglas y discursos desde el poder para preservarse y mantener su dominación a través de nuevas formas de control racializadas; su máxima expresión es el encarcelamiento en masa de jóvenes afroamericanos por drogas o delitos menores. Para Alexander, esta realidad ha destruido mucho de los avances logrados décadas atrás en materia de Derechos Civiles; sus efectos son devastadores: la gente de color que está o estuvo en prisión serán ciudadanos de segunda clase como lo hacían en la década de 1940 las Leyes Jim Crow (conjunto de leyes locales y estatales promulgadas entre 1876 y 1965 para regular el sistema de segregación hacia la población negra en espacios públicos en los estados del Sur) y como lo hacen ahora las políticas de la Guerra contra la Droga y de La Ley y el Orden.

La historia de los afroamericanos en los Estados Unidos está marcada por un constante control de instituciones como la esclavitud y las leyes segregacionalistas en donde el racismo como política e ideología, se adaptó. Después de abolida la esclavitud, los parlamentos de los estados del Sur implementaron Códigos Negros a fin de aprobar leyes estrictas para gente negra, estableciendo sistemas de peonaje y más adelante, en las primeras décadas del siglo XX, la segregación se expresó en las Leyes Jim Crow con la prohibición de asientos interraciales en la primera clase de los trenes y buses, imponiéndola también en las escuelas. Métodos efectivos para atemorizar todo intento de resistencia fueron muertes y linchamientos hacia los afroamericanos (una de sus mayores expresiones es el Ku-Klux Klan).

En tiempos de esclavitud, los blancos poderosos se valieron de la táctica de “soborno racial” para poner a los blancos e inmigrantes pobres en contra de los negros. Así, aquellos vigilaban y controlaban lo mismo que competían por el trabajo. Al fin de la esclavitud, muchas ideas e imaginarios permeaban la mentalidad popular de los blancos en relación a los negros, aún abolidas las Leyes Jim Crow. Dichas leyes sufrieron un gran golpe con la desobediencia civil en 1955 de Rosa Parks en un autobús de Montgomery, Alabama, al negarse a ceder el asiento a un hombre blanco pues ese acto, nada aislado de una profunda movilización que la población afroamericana ya estaba planeando, llevó a la lucha por los Derechos Civiles y la promulgación en 1964 de la Ley de Derechos Civiles permitiendo que la gente de color pudiera acceder a empleo, educación, a fondos federales, y un año después, se implementó la Ley de Derecho al Voto, la cual permitió la participación efectiva de los afroamericanos.

Mucho se ha destacado el papel que el pastor bautista Martín Luther King Jr. y las organizaciones de Derechos Civiles hicieron para visibilizar y combatir el racismo en los Estados Unidos desde las acciones no violentas. Pero también otras luchas más radicales convergieron buscando la justicia racial. Malcom X a través de la Nación del Islam y la Organización de la Unidad Afroamericana, pedía una separación total de blancos y negros, y afirmaba la superioridad de la raza negra. Si bien disentía de las manifestaciones públicas de los afroamericanos que luchaban por los Derechos Civiles, su pensamiento abonó al nacionalismo negro del cual se nutrieron movimientos políticos como el Ejército de Liberación Negro y el Partido de las Panteras Negras (The Black Panthers). Al iniciar la década de 1960, tanto uno como otro movimientos tenían claro cómo la sociedad blanca estaba recreando las formas para preservar la segregación.

Martin Luther King Jr. en su escrito “La detención decisiva” (Un sueño de igualdad, Público, 2010) recuerda que mientras en Montgomery se organizaban los boicots, los Consejos de Ciudadanos Blancos, que tuvieron su origen en Mississipi, querían alcanzar sus fines por medio de maniobras legales de la “interposición” y la “anulación”, excediendo los límites de la ley con métodos de “abierto y oculto terror, intimidaciones brutales, sistemas para hacer pasar hambre a hombres, mujeres y niños negros” con costes económicos muy altos a los blancos que apoyaran las acciones de protesta. Por su parte, Assata Shakur una ex black panter, ahora exiliada en Cuba, en su Autobiografía (Capitán Swing, 2013) hace memoria de cómo en la convivencia cotidiana en una escuela del Sur, los niños blancos comúnmente al ver cualquier falla de los niños negros, decían: “ya sabes cómo los negratas son una mierda” y se burlaban del físico, rasgos faciales y cabellera afro de sus compañeras y compañeros. Un tiempo después, Assata fue a una escuela del Norte donde no existían escuelas segregadas. Cuenta ella que esas escuelas eran mucho más humillantes, pues aunque los blancos no mostraban abiertamente su racismo, lo encubrían como sus hijos, aprovechando las representaciones teatrales de la historia patria para perpetuar la memoria de la esclavitud en los niños de color. Siendo nieta de ex esclavos, Shakur recuerda cómo fue difícil generacionalmente reconocer la dignidad de su linaje, pues desde niños a los afroamericanos les hicieron aceptar un sistema de valores, estándares de belleza y concepciones sobre ellos mismos, impuestos por los blancos.

Así las diferencias históricas entre los blancos y negros han estado marcadas por imaginarios culturales y raciales que justifican legalmente la discriminación y exclusión hacia la mayoría de afroamericanos pobres, no obstante las victorias de los Derechos Civiles. En la década de 1980 un nuevo mecanismo de control racial comenzó a operar. Cuando el presidente Donal Regan inició la Guerra contra la Droga en los Estados Unidos, la estigmatización hacia las minorías raciales, negros y latinos principalmente, fue tratándoles como los mayores consumidores de crac y después de heroína, cocaína y marihuana, y por lo tanto como delincuentes. Las constantes migraciones de negros de un estado a otro y la políticas de la Guerra contra la Droga, sirvieron como plataforma para que la retórica de la Ley y el Orden desmovilizaran las acciones de resistencia pacífica civil que identificaban a los Derechos Civiles; se les tachaba en medios de comunicación conservadores como actos de delincuencia a los que la ley debía aplicarse, y así sin análisis económicos y demográficos para entender los descontentos generacionales, los encarcelamientos masivos comenzaron en grandes zonas metropolitanas.

Dentro de esa política de Ley y el Orden, desde la década de 1970 la policía se fortaleció con todo tipo de pretextos para detener también a luchadores sociales y criminalizarlos como fue el caso de Angela Davis y Assata Shakur, militantes comunistas, miembros de la black resistance y presas políticas. Entre muchos luchadores sociales, por la experiencia de haber sido llevadas a prisión, sabemos los propósitos políticos que cumplen las cárceles en los Estados Unidos. Davis en el Prefacio a la Autobiografía de Sakhur recupera una interesante reflexión: las cárceles cumplen dos funciones: una es para neutralizar y contener a enormes segmentos de la población que se considera peligrosa para el sistema (luchadores sociales, mayoritariamente), y la otra para mantener un sistema de sobre-explotación a la población negra y latina reclusa en prisiones enclavadas en comunidades rurales blancas que actúan como supervisoras.

Más recientemente se está operando un complejo industrial de prisiones con una rápida expansión de la población reclusa a la influencia política de las empresas privadas y de las que proveen a las prisiones públicas. Políticos y empresarios han hecho lobby para que grandes corporaciones vivan del trabajo recluso; empresas en construcción y tecnología se han visto favorecidas  por la vigilancia y la seguridad que implementan en las cárceles estatales y federales; abogados y grupos de presión representan los intereses de los inversionistas más que de los acusados, sobre todo si son de color o latinos. Así se defiende y trata de perpetuar la idea de que la reclusión es una solución rápida para personas que representan problemas sociales y atentan contra el orden público: los sin techo, desempleados, consumidores y menudistas vendedores de droga, enfermos mentales, analfabetas; y en la última década migrantes mexicanos y centroamericanos. El móvil es el lucro y no políticas encaminadas a castigar, rehabilitar o reducir el índice de delitos.

En El color de la justicia, Alexander señala que del 2000 a la fecha en nombre de la Guerra contra la Droga, el 80% de los jóvenes afroamericanos tienen antecedentes penales y están por lo tanto sujetos a una discriminación legalizada para el resto de sus vidas. Estos jóvenes forman parte de una creciente casta inferior, permanentemente confinada y aislada de la sociedad en general, la cual será discriminada como delincuentes y por consecuencia, dentro del marco legal de la justicia racial norteamericana, tendrán falta de empleo, vivienda, privación del derecho al voto; negación de oportunidades educativas, cupones de alimentación y de subsidios públicos.

Sobre esto, recordé tres experiencias más de mi andar en la Caravana:

  1. Estando en Chicago emprendimos una caminata del barrio mexicano al barrio afroamericano. Custodiados por algunas patrullas, caminamos más de dos horas gritando consignas en español e inglés (No más Guerra de Drogas/ No more Drugs War), a lo que observadores salieron de sus casas a saludarnos o insultarnos; algunos jóvenes afroamericanos en esquinas gritaban que de México salía esa “mierda” (las drogas). En mi trayecto, un joven estaba afuera de la puerta de su casa y expresó: “Yo caminaría con ustedes, pero hace poco salí bajo libertad condicional; estuve ahí por drogas y ahora no puedo salir de casa”, al decir esto alzaba su pierna derecha para que viéramos el detector que tenía en su tobillo.
  2. En New York estando en la iglesia de River Side escuchamos el testimonio de una afroamericana que había estado encarcelada por drogas. Su trato dentro de la cárcel fue duro por ser joven, negra, menudista de drogas y embarazada. Contó como las mujeres de color son obligadas a dar luz esposadas de manos y piernas sobre la cama. Su experiencia fue similar a vivencias que describe con mucho dolor Shakur en suAutobiografía y que hoy viven muchas mujeres encarceladas por delitos menores.
  3. Baltimore tiene una gran población joven afroamericana y es uno de las ciudades más afectadas por la Guerra contra la Droga. Este lugar es un claro ejemplo de esa creciente casta inferior de la que Michelle Alexander habla en su libro. Ahí se han dado crueles enfrentamientos entre la policía y jóvenes, donde muchos de éstos son asesinados impunemente sin la más mínima consideración a dar su palabra o defenderse. Antes de hablar, la policía empuña su arma y tira a quemarropa. En el recorrido pude ver calles enteras sin habitantes; cómo si fueran pueblos fantasmas. Para entender ese escenario se nos explicó que al encarcelar a un miembro de familia, esa es una causa poderosa para negar a la familia entera crédito o hipoteca para sus casas; y más aún, si jóvenes salen de la cárcel e intentan recuperar su dignidad para salir a buscar oportunidades laborales o educativas, al ver que no las hay, podrían volver a cometer delitos menores y regresar a prisión. La justicia penal es ese sistema para controlar a aquellos sectores poblacionales afroamericanos que son considerados casta inferior.

Si la literatura que explora cómo históricamente se ha ido perpetuando la injusticia racial en Estados Unidos, las muertes de Eric Garner, Michael Brown y Tamir Rice abren públicamente el debate sobre qué es la justicia racial y el sistema de justicia penal y policial no sólo en aquellos estados con larga tradición segregacionista de mayoría afroamericana como lo es Missouri, sino también en centros caracterizados como epicentros de la multiculturalidad como lo es New York.

La tesis de Alexander sobre el sistema de castas se reafirma cuando sabemos que esos policías blancos al presentar sus declaraciones argumentaron que dispararon en cumplimiento de su deber, y eso les valió la exoneración de cargos y a cumplir una condena por asesinato. Pero esos casos también obligan a pensar que no sólo el encarcelamiento masivo es la máxima expresión de la injusticia racial, ¿qué pasa cuando los afroamericanos pierden la vida en espacios públicos en manos de policías blancos?  Sobre este tema el discurso oficial de Obama es que no hay confianza entre la policía y las comunidades de color, por lo que después de esos asesinatos la tarea es trabajar por construir esa confianza. Para los abogados de  Eric Garner y Michael Brown las resoluciones que no llevaron a la cárcel a los policías, hablan de un sistema penal en donde los negros tienen menos posibilidades de alcanzar justicia, sobre todo si los demandantes ya no están vivos. Las disculpas que expresen los polícias a las familias que han perdido a sus seres queridos, no son actos de justicia.

Esto último es muy sensible. Michael Erick Dyson quién el domingo pasado en un artículo de opinión publicado en The New York Times, “Where do we go after Ferguson?” (“¿Dónde vamos después de Ferguson?”), pone sobre la mesa de discusión las metáforas, expresiones y estereotipos que la población blanca, sobre todo las policías estatales, tiene sobre la gente de color. En dicho artículo Dyson reflexiona cómo los cuidadores del orden público, aprietan el gatillo basados en sus imaginarios sobre los negros, antes de darles a éstos la oportunidad de defenderse, lo cual no sólo provoca el asesinato, sino que deshumanizada a la comunidad. Esos asesinatos y la falta de emotividad de los policías al declarar que lo hicieron porque hacían su trabajo (como lo expresó el oficial Darren Wilson, asesino del joven Brown en Ferguson), es una muestra de cómo hay una cultura que se ha levantado sobre la violencia y la falta de respeto por la gente de color y las minorías. Así que el problema de fondo no es una situación de confianza, como a principios de esta semana propuso Barack Obama, sino de justicia racial.

Así como Ayotzinapa ha despertado la movilización de la población mexicana en su búsqueda de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos, y en la exigencia de justicia y castigo a los culpables de ese delito, los asesinatos en Ferguson, New York y en menor medida Cleveland, han llevado a la población afroamericana y a sectores blancos a favor de la equidad y justicia raciales a una amplia movilización retando el discurso de neutralidad racial que Obama y las instituciones encargadas de impartir justicia han manejado hacia la gente de color. Esta es una lucha por desmantelar el racismo legalizado e institucionalizado en las leyes, en los sistemas arbitrarios de detención empleados por policías en todos los órdenes de gobierno (local, estatal y federal) abusando de su autoridad; intenta hacer efectivos no sólo los ideales de aquellos luchadores de las décadas de 1960 y 1970 en el terreno de los Derechos Civiles.

a60f87cf95554f032895317a8dbfe367Ahora es un momento en que las comunidades afroamericanas sacan, de nueva cuenta, su reserva moral a través de comunicados y acciones de demanda pública; líderes y miembros de iglesias de todas denominaciones religiosas se reúnen para orar recuperando el legado de King (“la moral no se puede legislar pero la conducta a través de leyes justas se puede regular”); intelectuales, escritores, artistas y músicos negros generan opinión pública en medios oficiales y alternativos sobre la necesaria reforma radical en las instituciones policiales, desenmascaran las complicidades y lobbys que están detrás de la impartición de justicia en los juzgados de mayoría blanca y los complejos carcelarios. De ahí que lecturas como las Autobiografías de Assata Shakur y Angela Davis, así como El color de la justicia. La nueva segregación racial en Estados Unidos, sean claves para entender que en los Estados Unidos la injusticia tiene color.

***Imagen tomada del acervo de Women’s March on Washington. Texto publicado originalmente el 12 de enero de 2015, en mi antiguo blog.

No soy tu negro. James Baldwin y su prédica pública.

Conocí a James Baldwin gracias al libro Ve y dilo a la montaña (Go tell it on the mountain). Un texto autobiográfico de la vida de John Grime, un adolescente afroamericano muy inteligente, introvertido que duda de su padre adoptivo, un pastor pentecostal que vive conflictuado por sus deseos y pasiones sexuales, sus deberes morales y la culpa por ser violento. Ve y dilo a la montaña es un libro autobiográfico que me hizo recordar mi niñez dentro de la cultura pentecostal, los cultos a los que asistí llenos de fervor y emoción donde hombres no tenían miedo de llorar a pecho abierto clamando por perdón de sus pecados, mientras música de alabanza, era tocada y cantada por toda la congregación. Pero también, pude recordar la violencia disfrazada de piedad y amor al prójimo… Ve y dilo a la montaña es un grito a Dios en medio de la nada…

A esa lectura, le siguieron sus poemas y comencé, sin terminar, Notas de un hijo nativo (Notes of a native Son) donde habla marcadamente del racismo en los Estados Unidos, temas tabús de la homosexualidad y las masculinidades afroamericanas. Todos estos textos tienen como telón de fondo marcadas referencias a la espiritualidad pentecostal: la población afroamericana salió de la institución legal de la esclavitud, pero las leyes de segregación racial todavía insinuaban que no eran tan libres como el liberalismo progresista prometió. La migración masiva de familias y personas a ciudades como New York en busca de mejorar sus condiciones de vida, no fue más que una ilusión. En la década de los 30’s y 40’s, años de niñez y adolescencia de Baldwin, también se experimentó un crecimiento exponencial de las comunidades pentecostales entre los sectores populares, siendo la población afroamericana donde cosechó más conversos, y se preservó mucho de la memoria y la resistencia en los cantos tipo gospel. Sin embargo, el pentecostalismo de aquellos años, de tipo conversionista y moralista, reprimió las disidencias internas, lo que hizo a Baldwin abandonar el púlpito como predicador, para escribir en el exilio.

No soy tu negro es un documental basado en vida, obra y militancias políticas de James Baldwin, lo mismo que en un escrito inacabado del mismo nombre. Lo que me sorprende de este documental es la fuerza transformadora que su trabajo recoge y que inspiró a personajes que pusieron sus esfuerzos e intelecto a favor de la causa de los derechos civiles de la población afroamericana: desde Malcom X, ministro musulmán de la Nación Negra del Islam, Martin Luther King, pastor bautista que se caracterizó por la lucha pacífica, Angela Davis, con quien se carteaba cuando ella estaba en la cárcel acusada por ser comunista como una de las mujeres más peligrosas de los Estados Unidos, estudiantes, activistas sociales de a pie, universitarios y escritores de ambos lados del Atlántico.

Este documental recoge entrevistas, grabaciones de conferencias y fotografías de los turbulentos años 60’s donde los movimientos por los derechos de los afroamericanos, latinos y gente de color lograron grandes victorias en el campo de los derechos, pero también grandes pérdidas; historia militante que entrelaza los escritos y conferencias públicas de Baldwin señalando el racismo y discriminación que la sociedad norteamericana, blanca y protestante, perpetraba a sus hermanos. Esa fue su prédica pública, no desde un púlpito de una iglesia local, sino desde el pensamiento no alienado, que reivindicaba que ningún afroamericanx, era propiedad u objeto para inhumanizarle. Por eso la afirmación No soy tu negro, fue una forma de reafirmar el orgullo de la afrodescendencia. No más miradas al piso, no más viajar de pie en un autobús vació, no más insultos como en tiempos de esclavitud.

En esa lucha por el reconocimiento de los derechos civiles, Baldwin vio caer uno a uno los líderes de los movimientos… Ya no había marcha atrás, la gente había tomando conciencia del origen de sus opresiones. Por ello, en el promocional de I am not your negro, Baldwin dice: “No puedo ser pesimista porque estoy vivo… Me forzó a mi mismo a creer que soy un sobreviviente porque ser negro en este país es, precisamente, ser brillante”; es decir, tenemos futuro, y por tener futuro, no damos marcha atrás…

Al terminar de ver el documental no pude resistir pensar que Baldwin me es tan cercano no sólo por sus pensamientos, sino porque compartimos las mismas inquietudes y los mismos orígenes. Ambos compartimos esa sensación de extrañez por haber sido criados en una cultura pentecostal que nos partió en dos, que nos confluctuó en el entendimiento de nuestras sexualidades y que nos enseñó una profunda división entre lo santo y lo profano; ambos encontramos en la escritura la liberación y en cierta forma, el camino de sanación. Nuestra fuerza creativa la enfocamos a transformar las cosas que no aceptamos, que nos niegan la vida, y al ver caer uno a uno a nuestros amigos, también puedo decir como él, en el exilio, “No puedo ser pesimista porque estoy viva… porque ser mujer de color en este país, es, precisamente, ser brillante”. No tengo un púlpito público como él, sin embargo su valor y su coraje me habitan como ese grito a cielo abierto donde no es Dios quien da respuestas; sigo escuchando el eco de mi pueblo clamando por liberación…

James-Baldwin-on-the-Moral-Monsters-that-can-produce-a-not-guilty-verdict-in-Trayvon-Martin-killing

Los libros que nos han hecho feministas

Por qué amamos los libros!

Feminopraxis

Hoy es el Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor. Desde Feminopraxis no queremos dejar pasar la oportunidad de compartir con ustedes algunos de los libros que nos han marcado en nuestro andar, y compartir parte de nuestras bibliotecas personales.

Para La Fata Morgana, el feminismo, los libros y la lectura, van de la mano. Como en  toda formación ideológica o cultural, el acercamiento a la palabra escrita es básica en la construcción de nuestro pensamiento. Acercase a libros feministas, de teorías de género o simplemente a libros escritos por mujeres, ha reforzado su compromiso feminista, pero también ha servido para “sobrevivir” en un mundo machista. Sobrevivir porque, al asumirse feminista (o quizá sólo por el hecho de ser mujer) una debe, invariablemente, saber “defender” su postura frente a, generalmente, hombres que intentan invalidar las posturas del Movimiento; o frente a quienes simplemente no entienden que el…

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